El Baño de Realidad: La Verdadera Cara de Estados Unidos como "Salvador" del Mundo
En la madrugada del 3 de enero de 2026, el mundo asistió atónito a un acto que ha sacudido los cimientos de la geopolítica global: un ataque militar estadounidense contra Venezuela, que culminó con el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. Este evento, calificado por el gobierno venezolano como una "gravísima agresión militar", involucró explosiones en varias regiones del país, incluyendo Caracas, y fue confirmado por el presidente Donald Trump como una operación "brillante" para capturar a los líderes chavistas por cargos de narcotráfico y terrorismo. Este suceso no es solo un incidente aislado, sino el punto de inflexión que obliga al mundo a confrontar la verdadera imagen de Estados Unidos, lejos del relato heroico de "salvadores de la patria" que han promocionado desde la Segunda Guerra Mundial. Es un baño de realidad que revela un patrón histórico de intervenciones motivadas por el espolio de recursos, y que ahora abre la puerta a un nuevo orden mundial donde potencias como Rusia y China podrían sentir legitimadas para avanzar en sus propios intereses territoriales.
El Ataque en Venezuela: Un Acto de Terrorismo de Estado
La operación estadounidense comenzó con bombardeos aéreos y terrestres en estados como Miranda, Aragua, La Guaira y la capital, afectando tanto objetivos militares como civiles. Helicópteros equipados con misiles y cohetes atacaron Fuerte Tiuna y otras instalaciones, dejando un saldo de muertes y heridos según reportes venezolanos, aunque EE.UU. minimizó las bajas. El clímax fue la captura de Maduro y Flores en su residencia, quienes fueron extraídos del país y trasladados al buque USS Iwo Jima en el Caribe, donde aguardan juicio en Nueva York. Trump, desde su residencia en Mar-a-Lago, celebró la acción como un paso hacia la "liberación" de Venezuela, prometiendo una transición "justa y ordenada" con fuerte involucramiento en la industria petrolera del país. Venezuela respondió declarando un estado de conmoción exterior y movilizando a su población, mientras solicitaba una reunión de emergencia en la ONU.
Este acto, que muchos analistas califican como terrorismo de estado, expone la hipocresía de un país que se autoproclama defensor de la democracia y los derechos humanos. Lejos de una misión humanitaria, la intervención parece motivada por el control de las vastas reservas petroleras de Venezuela, el mayor yacimiento probado del mundo. Es un recordatorio brutal de que, para Washington, la soberanía nacional es negociable cuando hay riquezas en juego.
Contexto Histórico: Invasiones por Espolio de Recursos
La historia de Estados Unidos está salpicada de intervenciones militares en países extranjeros, muchas de ellas impulsadas no por ideales altruistas, sino por intereses económicos y el deseo de saquear recursos para sostener su estilo de vida consumista. Desde la Segunda Guerra Mundial, EE.UU. ha participado en cientos de operaciones militares en el extranjero, con al menos 251 intervenciones entre 1991 y 2022, según informes del Congreso. Un patrón recurrente es el enfoque en naciones ricas en materias primas, donde la "defensa de la libertad" ha servido de pretexto para el control económico.
Entre los ejemplos más notorios:
Irán (1953): La CIA orquestó el golpe de Estado contra el primer ministro Mohammad Mossadegh, quien nacionalizó la industria petrolera. El objetivo era restaurar el control británico y estadounidense sobre el petróleo iraní, asegurando suministros baratos para Occidente.
Guatemala (1954): Intervención para derrocar al presidente Jacobo Árbenz, cuya reforma agraria amenazaba los intereses de la United Fruit Company (hoy Chiquita Brands). EE.UU. respaldó un golpe que protegió plantaciones bananeras estadounidenses, perpetuando la explotación de recursos agrícolas.
Chile (1973): Apoyo al golpe contra Salvador Allende, motivado en parte por el control de las minas de cobre, vitales para la economía global. La dictadura de Pinochet privatizó recursos en beneficio de corporaciones estadounidenses.
Irak (2003): La invasión bajo el pretexto de armas de destrucción masiva resultó en el control de vastos yacimientos petroleros. Empresas como Halliburton, vinculadas a altos funcionarios estadounidenses, obtuvieron contratos millonarios para la extracción y reconstrucción.
Libia (2011): Intervención aérea que derrocó a Muamar Gadafi, seguida de caos y el acceso occidental a reservas petroleras. Aunque enmarcada en "protección humanitaria", el resultado fue un mayor flujo de crudo hacia mercados estadounidenses y europeos.
Estos casos ilustran cómo EE.UU. ha utilizado su poderío militar para "engrasar" su sistema económico, priorizando el acceso a petróleo, minerales y commodities sobre la estabilidad de naciones soberanas. En América Latina, en particular, intervenciones como las de Grenada (1983) y Panamá (1989) respondieron a amenazas percibidas contra intereses comerciales, como el Canal de Panamá. El total de intervenciones estadounidenses desde 1776 asciende a casi 400, con la mitad ocurriendo después de la Segunda Guerra Mundial.
Comparación con la Alemania Nazi: ¿Un Imperio que Supera en Escala?
El ataque a Venezuela invita a una comparación inquietante: ¿hasta qué punto EE.UU. ha superado en ambición imperial a la Alemania nazi? Mientras el Tercer Reich invadió naciones europeas por "espacio vital" y recursos, EE.UU. ha extendido su influencia global con una red de bases militares en más de 80 países y un historial de intervenciones que eclipsa en número y alcance geográfico al de cualquier otro imperio moderno. La diferencia radica en la narrativa: los nazis eran explícitos en su racismo y expansionismo; EE.UU. lo enmascara con retórica de "democracia" y "antiterrorismo". Sin embargo, el resultado es similar: destrucción de soberanías, miles de muertes civiles y extracción de riquezas. En Venezuela, este "blitzkrieg" moderno contra un gobierno electo hace que las acciones de Hitler parezcan limitadas en comparación con la proyección global de Washington.
Replanteando Relaciones con los "Yanquis"
Este episodio obliga a muchos países a replantear sus alianzas con EE.UU., ya sea a corto, mediano o largo plazo. Naciones como Brasil, bajo Lula da Silva, han condenado la agresión como una "línea inaceptable", mientras que la Unión Europea prioriza la seguridad de sus ciudadanos sin un rechazo firme. Países dependientes de la ayuda estadounidense o el comercio podrían diversificar sus relaciones, buscando socios en Asia y Eurasia. El riesgo de ser el próximo objetivo –por recursos como litio en Bolivia o tierras raras en África– acelera este giro. Incluso aliados tradicionales como Francia han expresado preocupación por el derecho internacional.
El Colapso del Relato Estadounidense Post-Segunda Guerra Mundial
Desde 1945, EE.UU. se ha posicionado como el vencedor moral de la guerra, exportando un relato de libertad y prosperidad. Hollywood, la ONU y la OTAN han reforzado esta imagen de "salvadores". Pero eventos como Vietnam, Irak y ahora Venezuela desmantelan esta fachada. El mundo ve un imperio en declive, con una deuda astronómica y divisiones internas, que recurre a la fuerza bruta para mantener su hegemonía. Este "baño de realidad" acelera la erosión de su soft power, mientras su hard power se percibe cada vez más como bullying global.
El Ascenso de Rusia y China en el Nuevo Orden Mundial
Irónicamente, la agresión estadounidense legitima acciones similares por parte de otras potencias. China, que ha observado con indignación –condenando el ataque–, podría ver justificada una invasión a Taiwán para "reunificar" su territorio, argumentando precedentes como el de Venezuela. Del mismo modo, Rusia, que ya invadió Ucrania en 2022, podría intensificar operaciones hacia Kiev (Kyiv), citando la hipocresía occidental en temas de soberanía. Potencias como Irán y Cuba han denunciado la acción, fortaleciendo alianzas multipolares. Este vacío de liderazgo estadounidense invita a Moscú y Pekín a ocupar posiciones en un nuevo orden mundial, donde bloques como los BRICS ganan terreno. Rusia podría expandir su influencia en América Latina, ofreciendo apoyo militar a regímenes antiestadounidenses, mientras China acelera inversiones en infraestructuras y recursos globales.
En conclusión, el secuestro de Maduro marca el fin de una era. El mundo debe despertar a la realidad de un EE.UU. que prioriza el pillaje sobre la paz. Este punto de inflexión no solo cuestiona su rol como "salvador", sino que acelera un multipolarismo donde el equilibrio de poder se redefine. La pregunta ahora es: ¿cuánto tiempo pasará antes de que otros sigan el ejemplo?